Escribe Luis Carrera Posada

Sobre Centauros, heridas y sanaciones.


Reconozco que soy un gran aficionado a la mitología clásica griega.
Sus arquetipos inundan la psicoastrología ayudándome a comprender mejor las múltiples manifestaciones de la psique humana.
Hoy me gustaría hablaros de los centauros, o más bien, de un centauro.
Hoy quiero hablaros de Quirón.
Lo primero que nos apunta la propia forma del centauro es el conflicto entre las dos partes que lo forman, una de ellas humana, civilizada, lógica y la otra animal, instintiva e incivilizada.
Según la versión más extendida, Quirón es hijo de Cronos (Saturno) y la ninfa Filira. Filira, en su intento de escapar de Cronos, se convirtió en yegua, ardid que le sirvió de poco porque Saturno para poder aparearse con ella se transformó también en un caballo (sistema que funciona hasta nuestros días, nos transformamos en lo que haga falta… ).
De esta unión nació un niño con cuerpo de caballo y torso de hombre, el centauro Quirón. Cuando Filira lo vio quedo horrorizada y le pidió a los dioses que la convirtieran en cualquier cosa con tal de no tener que actuar como madre, así fue transformada en el árbol del Tilo.
Quirón fue por lo tanto rechazado por su madre y es de suponer que no conoció nunca a su padre, además cuando fue concebido sus padres tenían los dos forma animal, es, por lo tanto, fruto de una unión instintiva.
Fue Apolo, dios de la música, la caza, la profecía, la poesía y la sanación, quien se convirtió en padre adoptivo y maestro de Quirón, al que enseñó muchas de sus habilidades.
Tenemos por lo tanto en el arquetipo hasta el momento, varias heridas relacionadas su naturaleza instintiva: el rechazo y posterior abandono de sus padres y la pugna constante del propio Quirón por controlar su naturaleza animal a través de desarrollar su parte más intelectual y humana, pero ¿son estas todas las heridas de nuestro centauro?,
pues no, nos queda una muy importante que completa nuestro arquetipo.

Cuenta la leyenda que Hércules (discípulo de Quirón) fue invitado a una cena entre los centauros y en el transcurso de la misma se produjo una pelea entre el invitado y sus anfitriones que huyeron en todas direcciones perseguidos por Hércules.
Una de las flechas que Hércules lanzó llena del veneno de la Hidra fue a dar en una de las patas de Quirón que aunque por su naturaleza divina era inmortal, le produjo el incesante dolor de una herida que no podía ser sanada.
Así tenemos por fin el arquetipo quironiano del sanador-herido; Quirón se convirtió en sabio, profeta, médico, maestro y músico. Fue el mentor y maestro de muchos héroes y reyes griegos, aunque con todo su saber nunca pudo hasta su muerte, libremente por él elegida, acabar con el dolor de su propia herida…
En psicoastrología Quirón representa el sanador, el herido y el heridor, su posición en la carta por signo y casa nos puede indicar una energía inicialmente bloqueada y dolorosa para nosotros.
Aunque si decidimos investigar dentro de nosotros mismos, espoleados por el dolor y la frustración, (como hizo el centauro buscando durante toda su vida remedio para el dolor de su pata) podremos iniciar nuestro viaje interior de sanación y hacer al mundo una aportación individual y única.

El retorno del Centauro

Quisiera ahora hablaros de un tránsito muy importante en la vida del ser humano, el llamado retorno de Quirón, que se produce en torno a los cincuenta años.
Vale, vale, vale, ya he visto por las fotos que tod@s en esta página sois “insultantemente” jóvenes,
pero os lo podéis anotar para cuando lleguéis dentro de muuuuchos años .

Hay una pregunta clave cuando llega este momento y que de un modo u otro la persona percibe en ella y es ¿qué voy a hacer con la última parte de mi vida?
Es posible que en este tiempo aparezcan dolor, rabia, culpa o resentimientos por heridas antiguas tal vez no sanadas, reconocidas plenamente o simplemente sentidas, que se manifiesten como enfermedad, depresión o desesperación.
Puede que ocurran cosas que nos conecten con el pasado para poder experimentar, sentir o transformar esas experiencias de dolor.
El retorno de Quirón nos coloca ante el desafío de nuestra propia vida, en el que es necesario hacer nuestros duelos y tener tiempos de calma y soledad al final de un ciclo, para que el nuevo pueda comenzar con las alforjas más ligeras.
El retorno de Quirón nos recuerda el camino del centauro, un camino hacia la sabiduría, hacia la belleza, la maestría y el servicio a los otros a través de un potencial que solo cada uno de nosotros puede aportar al mundo. Un camino no exento de dolor ni frustración, que empezó en el monte Pelión, cuando en una cena la pata de un centauro fue atravesada por una flecha y él eligió sacársela y seguir caminando.

 

Viento en nuestras velas.
Inshallah.

Luis
MONO LUNAR AZUL

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